Esto no es un blog optimizado. No hay un calendario editorial, ni una lista de palabras clave, ni un algoritmo que decida de qué toca hablar esta semana. Hay un cuaderno, una pluma que a veces falla, y el tiempo que hace falta para que una idea tenga sentido en la página antes de tener sentido en la pantalla.
Cada entrada empieza en papel. Eso significa que llega con tachones, con una palabra que se repite porque a esa hora del día no encontraba otra, con la letra un poco más torcida si escribía en el tren. No lo escondo: al final de cada artículo hay un sello, y detrás de ese sello está la página tal cual salió la primera vez.
No es nostalgia, o no solo. Es una manera de escribir despacio en un momento en que casi todo lo demás está diseñado para que escribamos rápido. La pluma tiene un ritmo que no se puede acelerar sin que se note: se seca, se atasca, exige que pienses la frase antes de empezarla porque tachar cuesta más que borrar.
Lo que vas a encontrar aquí
Plumas que funcionan y plumas que no. Tintas que se comportan de forma extraña y por eso merecen la pena. Papeles que cambian lo que escribes en ellos sin que te des cuenta. Y, de vez en cuando, alguna reflexión sobre por qué todo esto sigue importando.
— Escrito, tachado y pasado en limpio a mano.